Introducción
Una crisis de pánico es uno de los episodios más angustiantes que puede experimentar una persona. Se caracteriza por la aparición súbita de un miedo intenso acompañado de síntomas físicos como palpitaciones, dificultad para respirar, sudoración, mareo o sensación de perder el control. Aunque suele ser temporal, su impacto psicológico puede dejar una profunda huella en quien la sufre.
Como médico psiquiatra, mi propósito en esta guía es ofrecer una orientación clara, profesional y humana sobre cómo actuar ante una crisis de pánico, tanto si la estás experimentando como si acompañas a alguien que la atraviesa.
¿Qué es una crisis de pánico y por qué ocurre?
Una crisis de pánico es un episodio de ansiedad aguda que se desencadena por una activación abrupta del sistema nervioso autónomo, específicamente del eje hipotálamo-hipófisis-adrenal (HHA).
Durante la crisis, el cuerpo libera grandes cantidades de adrenalina y cortisol, provocando una respuesta de “lucha o huida” que el organismo interpreta como una amenaza inminente, aunque no exista un peligro real.
Síntomas comunes:
Palpitaciones o sensación de taquicardia.
Dificultad para respirar o sensación de ahogo.
Opresión torácica.
Sudoración, temblores o escalofríos.
Mareo o sensación de inestabilidad.
Despersonalización (sentirse desconectado de uno mismo) o desrealización (percibir el entorno como irreal).
Miedo intenso a morir, perder el control o volverse loco.
Fases de una crisis de pánico
1. Inicio: aparece una sensación súbita de ansiedad o incomodidad que puede confundirse con síntomas físicos (como un infarto o falta de aire).
2. Pico máximo: el miedo alcanza su punto más alto, generalmente entre los 5 y 10 minutos posteriores al inicio.
3. Resolución: los síntomas disminuyen de manera progresiva, aunque puede quedar una sensación de agotamiento o temor a que se repita el episodio.
Qué hacer durante una crisis de pánico: guía paso a paso
🩺 1. Reconocer lo que está ocurriendo
El primer paso es identificar que se trata de una crisis de pánico y no de una enfermedad física grave. Recordar que no pone en peligro la vida ayuda a reducir la sensación de amenaza.
> 🔹 Frase útil: “Esto es una crisis de pánico. Es temporal. Pasará pronto.”
🌬️ 2. Controlar la respiración
La hiperventilación es uno de los factores que perpetúa la crisis.
Inhala lentamente por la nariz durante 4 segundos.
Mantén el aire 2 segundos.
Exhala por la boca durante 6 segundos.
Repite varias veces. Este patrón ayuda a restablecer el equilibrio del CO₂ y calma la respuesta autonómica.
🌳 3. Aplicar la técnica de “grounding” o conexión con el presente
Esta técnica ayuda a anclar la mente al entorno físico y disminuir los pensamientos catastróficos:
5 cosas que puedas ver.
4 cosas que puedas tocar.
3 cosas que puedas escuchar.
2 cosas que puedas oler.
1 cosa que puedas saborear.
Este ejercicio reduce la despersonalización y devuelve el control cognitivo.
❤️ 4. Evitar luchar contra la sensación
Intentar “controlar” la crisis o reprimirla puede intensificarla.
Es preferible aceptar las sensaciones como pasajeras, enfocándose en la respiración y repitiendo mentalmente frases de calma:
> “Estoy a salvo. Esto pasará. Puedo manejarlo.”
👥 5. Si acompañas a alguien con una crisis
Mantén la calma y háblale con tono sereno.
No minimices sus síntomas ni lo presiones a “calmarse”.
Guíalo con la respiración: “inhala profundo, exhala lento”.
Evita el exceso de estímulos (ruido, aglomeraciones, luces fuertes).
Quédate a su lado hasta que el episodio disminuya.
Cuándo buscar ayuda profesional
Si las crisis de pánico se repiten, generan miedo anticipatorio o limitan la vida cotidiana (por ejemplo, evitar salir de casa o conducir), es fundamental consultar a un psiquiatra o psicólogo clínico.
El tratamiento puede incluir:
Psicoterapia cognitivo-conductual (TCC): enseña a identificar y modificar los pensamientos que disparan la crisis.
Psicoterapia de regulación emocional o mindfulness: fortalece la conciencia corporal y la autocompasión.
Tratamiento farmacológico: cuando las crisis son frecuentes o intensas, se pueden usar ansiolíticos o antidepresivos bajo estricta supervisión médica.
Prevención y manejo a largo plazo
Mantén una rutina de sueño estable.
Evita el consumo excesivo de café, alcohol o nicotina.
Practica ejercicio aeróbico moderado varias veces por semana.
Incorpora técnicas de relajación diaria: meditación, yoga o respiración diafragmática.
Busca espacios de apoyo emocional, familiares o terapéuticos.
Conclusión
Una crisis de pánico puede sentirse como una tormenta súbita, pero no es peligrosa ni interminable. Con el acompañamiento adecuado, la comprensión del proceso fisiológico y la práctica constante de técnicas de autorregulación, es posible recuperar el control y la seguridad.
En Servimedig IPS, contamos con especialistas en psiquiatría y salud mental que pueden ayudarte a comprender tu ansiedad, estabilizar los síntomas y fortalecer tu bienestar emocional.
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